papá a mis 15 años, cuando le mostré mi primer cuento publicado, me regaló su libro preferido de toda la vida. que era de él, que nunca me había mostrado, que estaba roto de lo viejo, que practicamente parecía un papiro de lo amarillo, que tenía escrito su nombre y una fecha que databa del 57'.
me acuerdo que llegué del colegio enajenada, "PAPÁ PAPÁ ME PUBLICARON UN CUENTO!!! AHHHH" se sorprendió, no sabía que escribía, el leyera como una enferma se ve que no le sugirió aquello. se sorprendió más aún cuando vio que mi cuento ocupaba toda una página. le saltaba enfrente, él hablaba por teléfono, no entendía nada. "Pará Chula que estoy hablando con un cliente". me calmé, me senté al lado de él en el sillón y esperé con la revistita en al mano, como si de eso dependiera mi vida. terminó su charla telefónica, para mi eterna, y practicamente se la tiré encima. me di cuenta que no tenía los antejos puestos y se los alcancé antes de que me dijera nada. "A ver qué tenemos acá?".
lo leyó despacio, me miraba, volvía sus ojos a la página. medio que no lo podía creer. estaba apoyada en la puerta de la cocina tomando coca con cara de soy una capa lo sé, lo sé, no me borraban la sonrisa de imbécil ni muerta. estaba tan orgullosa de mi misma que no me percaté que estaba llorando hasta que cerró la revistita. lloraba, me dijo tiempo después, porque también estaba orgulloso de mi, que era tremendamente bueno - la subjetividad de los padres...- , que no me tenía fe y de repente ZAZ le caí con el cuento este, que era triste y se sentía culpable de mi tristeza -puede que el cuento tuviera algún que otro palito al viejo, pero nada de "te odio papá morite".
la mejor parte no fue cuando al día siguiente, a la mañana, antes de irme al colegio, entró a mi cuarto con el libro en la mano recién dedicado y me lo dejó sobre el escritorio; sino enterarme de que estuvo mostrando mi cuento por todas partes, en el café de la esquina, en la oficina, a sus clientes y demás lugares. después de aquel episodio quedé como la hija escritora de Aldo.
todavía hoy, guarda la revistita en el primer cajón de su mesita de luz.
