domingo, abril 7

somos nuestros records

llego para comer. cenamos enfrentados, me pregunta un millón de cosas y hablo hasta por los codos. me quejo ay pero estoy hablando mucho! se rie dejame ser feliz callado escuchandote. siento que con cada frase le parezco más pendeja que se hace la grande; desespero un toque.

un ida y vuelta. mucha piel y sábanas. caemos y yo me le trepo encima instintivamente. es una de las personas más cómodas que conocí en mi vida. no sabés lo lindo que se siente esto que me estás haciendo me dice mientras se relaja bajo mis manos. le explico que son endorfinas, unos masajitos que me enseñó mi mamá cuando era chica y que son un vicio, además de que generan una sensación parecida a la de después de hacer ejercicio. no hago ejercicio, se rie, dije que simulan, recalco. sigo, puedo hacerle caricias por horas nonstop. y pensar que hasta hace menos de 1 semana eramos completos desconocidos. 

- cuál fue la persona más chica con la que estuviste?
- vos. y yo soy la persona más grande con la que estuviste?
- sí - le contesto - somos nuestros records.
me abraza y se queda dormido antes que yo.

qué fácil todo, pienso. la facilidad de entrar en confianza de una. la facilidad de meterme en su casa, en su cama. la facilidad de hacer buenas migas con su gato que ojo, no suele darle bola a nadie, eh. la facilidad de quedarme dormida después de acabar. la facilidad de que esté todo bien si me quedo a dormir.

al día siguiente nos levantamos. no tiene té. me prepara un café fuuuuerte, tan de adulto que se siente más amargo que de costumbre. por suerte ahora el que habla es él y yo lo escucho en silencio mientras le sonrío y espero que se enfríe el petroleo que tengo en la tacita. se levanta a mitad de la charla y agarra un ejemplar de su último libro, todavía parado busca una lapicera y me lo dedica. lo cierra. se acerca a mi silla donde estoy sentada como indiecita y me da un beso largo bonito. lo prometido es deuda y me lo deja sobre la mesa.

tiene que dar un taller y están por llegar sus alumnos. por tu culpa no leí nada, te parece? me le rio, me levanto, me pongo las calcitas y le digo con cartera y libro en mano que me baje a abrir. es sábado al mediodía y ya me puedo tomar el subte para volver a casa. estamos a beso limpio en el ascensor y nos corta el mambo un vecino. el señor lo reconoce, lo mira mal, es sospechoso. mi carita de reventada, las calcitas, los borcegos y mi buzo trash no nos hacen justicia. lo pienso y la verdad que podría haberme vestido menos de pendeja, pero creo que el morbo estaba muy presente a al hora de elegir mi out-fit. el vecino nos da la espalda, resopla y niega con la cabeza. nos miramos y le hago cara de qué onda? levanta los hombros. me aguanto la risa pero sonrío mientras me miro los pies. me codea para que no sea *tan* pendeja. le levanto la mirada y me quiero reir, hago fuerza, no me rio. a mi estas cosas siempre me van a dar risa; la gente se enoja por cosas que no le tienen que importar. chau preciosa, nos vemos el miércoles. un beso fugaz y escapo. no miro para atrás, no me gusta mirar para atrás, me sentiría muy tonta si miro para atrás y el otro no me está mirando. no lo soportaría por lo tanto me ahorro el disgusto.

en la esquina ya fuera de su alcance visual abro el libro en la portadilla. si hay algo que me gusta más que los libros son los libros dedicados.
"Para Jula, hermosa, este libro sobre lo horrible. 
D."